mai 25, 2010
¿Por qué me ha gustado Lost?
By: Al
Ya hace demasiado tiempo que los domingos por la tarde no le sientan bien. Últimamente alberga la esperanza de que tal vez, si pone de su parte, la noche le gane un par de horas a la soledad. Por eso se prepara la cena cada vez más pronto. Saca una ensalada de la nevera y una a una retira las hojas reblandecidas. Hay muchas. Lleva años quitándolas. Tantos años y tantas hojas que ha perdido ya la ilusión de encontrar un corazón apetitoso y grande. También sabe que es casi imposible encontrar el tomate perfecto para una persona. O es demasiado pequeño y le sabe a poco, o es demasiado grande y le recuerda que ya hace tiempo que nadie come con ella. Coge algo de fruta. Lo coloca todo en una bandeja, se sienta en el sofá y enciende el televisor. De pronto, escucha el sonido de un teléfono móvil.
“Sí?”
“Hola, soy yo.”
“Quién eres? Me suena tu voz pero…”
“Sí, soy yo. Nos conocimos hace un par de semanas. Luego nos vimos otra vez hace unos días, tomando unas copas con amigos. Te acuerdas de mí ahora?”
“Sí, claro. ¿Pero cómo tienes mi número?”
“Ha sido fácil si lo comparas con encontrarte. Pensaba que no existías”
“Cómo dices?”
“Nunca creí que te conocería. Nunca pensé que podías ser posible. Pero alguien había dibujado en mi mente tu sonrisa, tus ojos, tus gestos, tus manos, tu voz. Por eso te reconocí en cuanto te vi. Y por eso ahora voy a venir a buscarte”
“Pero…yo…si apenas nos conocemos…”
“Eso es lo mejor. Que sé que te conoceré. Que conoceré a qué saben contigo los otoños. Si desayunas café. Cuál es tu pasta de dientes favorita. Que llenaremos el tiempo de nosotros. Que agotaremos las páginas de nuestros pasaportes. Y cuando ya no nos quepan más discos en casa te los cantaré al oído. Ahora llego”
“Si no sabes dónde…¿hola?”
Silencio.
La voz desapareció. “No, ahora no te puedes ir”, pensó. Miró la pantalla tratando de detectar el remitente. Y entonces, al separar su mano de la oreja fue cuando se dio cuenta. Se dio cuenta de todo.
El plátano que había cogido como postre no es un teléfono.
Tras preguntarse por el origen de esa voz, tras el miedo a la locura, vino el llanto. Un llanto de lágrimas densas. Porque, gracias a esa voz había logrado sentir por primera vez en meses algo parecido a la emoción. Pero una vez más era mentira. “Era mentira y sigo sola y estoy loca y he hablado con un plátano”.
Justo en ese momento sonó el timbre de la puerta.
Han pasado varios años y él aún jura que la llamó. Ella aún no se lo explica. Pero no perdieron el tiempo tratando de entender aquello que estaba escrito en las estrellas. Ya no les caben los discos en casa. Y eso al fin y al cabo es lo que importa.

Ufff… y encima rematando con el temazo de Wonder. Bien, bien, me gusta.
Brutal, emotiu, esperat i no pas per això, previsible. Melanconia. Molt ben triat el tema d’Stevie Wonder.
I Like it!!