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Estramonio (Breve cuento Borgiano)

Y  entre aquellos perdidos páramos, cuál puesto de vigía, se erigía una palapa humilde cosida por los vientos y resquebrajada. En ella vivían Farabundo José y María Bambú. Desde  ahí controlaban su plantación, celosamente custodiada por tres fieros canes noche y día. Un esfuerzo no baladí: no en balde habían trabajado más de cuarenta lunas seguidas para tener a punto el cargamento. Y, por fin, todo estaba ya dispuesto. Así pues, avistando desde su ventana el material empacado en toscos fardos esperaron pacientes la llegada de Yatuél. A él encomendaron la tarea de vender el fruto de su trabajo.

Éste  llegó al alba a lomos de un potrenco viejo. Con gesto cansado saludó, y cargó el primer fardo. Cruzó palabras y pesos con Farabundo, mientras la dulce Bambú le entregaba algo parecido a una infusión de hierba mate. “Para que la prueben“, le dijo. “Pero sólo un sorbo. Pocos han vuelto de este viaje y los que lo han hecho hablan todavía en sueños, como recién llegados de un mundo en el que Tlaloc, el señor de la lluvia, se les hace presente mientras Chapultepec sobrevuela sus cabezas en infinitos días sin noche“.

Yatuél, incrédulo, la probó al instante. Y entonces lo vio. Vio al pájaro quetzal desplegar sus alas coloreadas, inundando sus pupilas de luz, mientras sentía una lluvia de piedras de jade y ámbar sobre su cabeza. Mientras, cientos de palomas blancas de luz divina revoloteaban junto a él. Volteó los ojos y se desplomó.

Farabundo ya tenía en su mano las monedas para pagara a Caronte. Y cuando fue a depositarlas sobre sus párpados, Yatuél despertó, tan sobresaltado como resuelto. Y como al dictado de un ser superior, con la convicción sólo propia de los niños y de los guerreros exclamó:

-”Esto en la rave de Getafe me lo van a quitar de las manos”

Y así fue como sin mediar palabra, a lomos de su potrenco, se fue a la ciudad, tarareando las notas de aquél Manisero con el que Mamasita lo acunaba en las cálidas noches habaneras. La fiesta estaba por empezar.

 

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Volver

1-Volver porque ya no hay nada más que ver. Ya sólo quedaban las piedras no descubiertas y los cuadros no pintados. Y reconócelo: estabas ya un poco hasta los huevos de tanta veneración constante, tanto dejar la mochila con la cámara en la consigna, y tanto hacer la cola equivocada para comprar las entradas.

2-Volver porque coger un avión más era lo más parecido a escuchar un disco de Pitingo. Porque no te podías pagar una Business y has tenido que para una Misery. Porque los aviones son los nuevos autobuses sesenteros, a los que sólo les faltan las gallinas. Seguro que en la bodega atan las maletas con cordel de esparto, como en las novelas de Cela.

3-Volver porque, después de 15 días es hora de ir al baño sin pensar si, como en Matrix, debes escoger entre dos pastilla: Fortasec o Evacuol.

4-Volver porque calcular cambios de divisa de cabeza, y a la vez regatear, y a la vez calcular la propina, y a la vez guardar bien el monedero, y a la vez pensar que te han timado, que lo podrías haber comprado en El Corte Inglés, y a la vez  acarrearlo durante los próximos 15 días es algo que no le va bien a tu cuerpo.

5-Volver porque no sabes ni te importa qué coño deberías traerle de recuerdo a tu tío Faustino.

6-Volver porque  los buffets de desayuno de los hoteles son como ir a una discoteca de moda. Parece que te lo vayas a comer todo, pero luego acabas comiendo poco y lo de siempre.

7-Volver porque no quieres que se te acerquen más paisanos esgrimiendo la nacionalidad como puerta de entrada a tu mesa. Para no hablar con familias bien avenidas del norte, honeymooners de pulsera, vendedores de Tecnocasa en viaje de incentivos o parejas en midlife crisis.

8-Volver porque tienes Síndrome de Stendhal (cuando el viaje ha ido bien), o Síndrome de Ulises (de llevar las maletas sobre tu espalda). Porque las maletas, aunque con ruedas, también pesan. Y la inclinación de unas escaleras inclinadas no depende de dónde esté el país.

9-Volver porque estar en un entorno en el que todo el mundo habla en un idioma extranjero hace que cueste mucho más detectar a los que son gilipollas, porque todo el mundo habla como si fuera gilipollas.

10-Y, por último, volver como ejercicio definitivo de la libertad. Volver no sólo porque se debe, sino porque se puede. Mucha gente no tiene esta suerte. Volver como forma de reconciliarse con nuestra vida y con nuestra ciudad, que a pesar de sus miserias y verguënzas es un lugar en el que se cocina con aceite de oliva.

Bienvenidos.

PS: Menuda mierda he tenido que escribir para no pegarme un tiro al llegar a casa. Jesús.

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A disfrutar de ver ano

Porque de eso se tratan las vacaciones, no?

Pasadlo bien. Los fans de Justin Bieber, también. Felicidad y suerte. Gastad según lo que marca la deuda soberana: si no te arruinas hoy, te arruinarás mañana. Ojo con los hombres depilados y las mujeres sin depilar: normalmente debería ser al revés. Recordad que el hielo y el limón no dan resaca, pero la ginebra sí.

Y reíd todo lo que podáis. 

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Abanico

La historia es la siguiente. No es nueva, pero yo me he enterado ahora. Así que la cuento ahora, casi un año después. Si queréis lo último de lo más, id a leer a Ignacio Escolar.

La cosa, cronológicamente: Hay una noticia en un informativo local. Intento de  violación a una mujer en una barriada de Estados Unidos. Un violador bastante torpe que no consigue nada más que huir, y una barriada en la que lo mejor que te puede pasar es que sólo te violen. Unan noticia que no tendría ningún tipo de relevancia si no fuera por Antoine.

Antoine es el hermano de la víctima. Una suerte de Leroy Johnson afrutado que cuenta su versión de los hechos de una forma tan extraordinaria que llama la atención. Tanto, que un grupo de humoristas decide usar su corte de voz, procesarlo con el programa AutoTune y hacer una canción.

Y la canción es la hostia.

Antoine se hace automáticamente famoso. Su canción se vende en iTunes como si la regalaran, empieza a hacer cameos en los talk shows norteamericanos, hasta rueda algunos spots.

Una vez contado el caso se supone que debería hacer un párrafo a modo de epílogo, mostrando algo de mi opinión acerca de la historia. A saber, la conveniencia o no de hacer humor sobre desgracias, las libertades del sistema americano versus el modelo europeo, etc.

Pero no lo haré. Yo sólo os quiero decir que lleva un abanico. UN ABANICO. Y nadie normal lleva o usa abanico. Nadie. La gente extraordinaria, para bien o mal, usa abanico. Y esto es una constante. Las señales están ahí para el que quiera o sepa interpretarlas. Cuando veas a alguien con abanico, que sepas que lo va a hacer. Lo que sea, pero lo va a hacer. Si lo ves y tienes miedo, cambia de acera. Él estará en la de enfrente.

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Muy Buenofuente

Aquí se ha vertido mucha caña durante años. Siempre merecida. Alabanzas las justas, que esto no son las tertulias de RNE en las que siempre están todos de acuerdo, o España Directo, en el que todas las putas recetas están buenísimas.

Pero cuando es justa, es justa. Y hoy, es justa.

Buenafuente deja su programa. Y a mí, que no lo veo, me sabe muy mal. Nunca me han gustado los Late Night. Nunca me han gustado los monólogos. Me cansan las entrevistas graciosas, las tazas de café, los momentos de “que entre futanito!!!” y las secciones de colaboradores pesados con sus “dentro video” o sus tetas fuera.

Y sin embargo, Buenafuente y, más concretamente Berto, me han demostrado que haciendo un programa que consiste precisamente en eso, se pueden dar señales clarísimas de brillantez, talento, inteligencia, clase, y de una cosa más. La capacidad de interpretar las señales que nos manda la mierda de mundo en el que vivimos y hacer parodia de ellas y de todos nosotros. Y todo con una factura excelente, producido como muchos ya querrían, y con un nivel de riesgo con el que hoy en día ya te pueden poner en los tribunales. Recordemos hoy en día Nabokov estaría en la cárcel por haber escrito “Lolita”.

Da gusto ver esos chispazos. Ese momento en el que dices “Coño! Es eso!” Y da gusto que lo haga una cadena privada, porque eso significa que es comercial, lo que a su vez significa que tiene suficiente audiencia inteligente como para subsistir, lo que a su vez significa que tal vez haya esperanza en el mundo.

En ese mundo que transita entre los coñazos de la 2 y el Sálvame Deluxe. En ese mundo en el que la gente ve series que ni los americanos ven de lo malas que son y las cancelan. En ese mundo en el que Borges es un fruto seco, Verdaguer una estación de metro, y el Pulpo Paul una estrella mundial hay una gente que hace un producto de masas bueno. Y eso, me parece muy difícil. Mucho más que hacer un espectáculo de danza contemporánea que gusta a tres trastornados que ponen mucho de su parte, o escribir una novela de 1000 páginas sin diálogos que gusta a otros tres trastornados que la veneran para evitar terminar de leérsela. Me parece difícil porque va de cara, no se esconde detrás de pretensiones intelectualoides. Todo el mundo lo puede entender y he aquí la maravilla: a todo el mundo gusta. Sin trampa ni cartón.

Buen trabajo. No habéis cambiado el mundo, pero es que no se trataba de eso. Se trataba de hacer algo brillante para divertir a la gente sin caer en lugares comunes. Y lo habéis hecho. Me habéis demostrado que la revolución sí será televisada.

PS: Andreu, Berto, si me necesitáis, llamadme.

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